La voz del Negro Rada tenía una identidad inconfundible: carismático y elegante a la vez, capaz de pasar del candombe al jazz sin perder el ritmo. Ayer, su registro dejó de sonar.
El artista había dejado preparada, muchos años antes, una manera de despedirse. En 2000 había grabado “Muriendo de plena”, una canción en la que imaginó su propia muerte lejos del luto y la solemnidad. No quería llanto: quería que lo despidieran bailando. Aquella canción adquiere una dimensión distinta porque resume algo que estuvo presente durante toda su carrera: la capacidad de mirar incluso aquello que da miedo y transformarlo en arte, música, humor y encuentro.
Murió Rubén Rada a los 83 años: el reconocido músico uruguayo se encontraba internado“Cuando yo me muera, no quiero llanto ni pena,/ prefiero que se me vele bailando una rica plena./ Y si no me muero, tampoco me hago problema,/ porque tengo todo el tiempo de bailar hasta que muera./ No quiero a la gente todita de negro,/ prefiero de rojo vestir a mis suegros./ Y quiero en la tumba, pollito y arroz,/ patitas de cabra, con todo y melón./ Porque yo en la vida he sido feliz/ y quiero morirme comiendo perdiz/ pero con vino tinto y pan-ton”, dice el tema.
Rubén Omar Rada Silva murió ayer a los 83 años, después de permanecer internado durante más de un mes por una neumonía bilateral y sus complicaciones. “Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15.30 se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra la neumonía y sus complicaciones”, publicó su familia en las redes sociales.
Fue uno de los grandes nombres de la música rioplatense. Un artista que convirtió el candombe en algo propio, que lo cruzó con el jazz, el rock y el humor. Una mezcla imposible de confundir que logró traspasar generaciones y acercar su música a nuevos y viejos artistas.
Para Tucumán, Rada no es solamente un nombre de la música uruguaya: es el recuerdo de sus dos visitas, que pusieron a bailar a miles de personas.
Cantar por comida
Antes de convertirse en “El Negro Rada”, antes de los discos, los escenarios y la televisión, fue Omar, un chico de Montevideo que soñaba con ser futbolista. La tuberculosis que padeció durante sus primeros años de vida cambió aquel destino. Creció en una familia numerosa y descubrió temprano que cantar podía ser una manera de ayudar en casa. Iba al club Aldea y entonaba a capela canciones a cambio de algo para comer. En los carnavales recibió uno de sus primeros apodos: Zapatito.
De qué murió Rubén Rada, leyenda de la música uruguayaAquel chico que cantaba por comida terminaría convirtiéndose en uno de los grandes referentes de la música uruguaya. Pasó por agrupaciones fundamentales como El Kinto, Tótem y OPA y luego construyó una extensa carrera solista, siempre dispuesto a cruzar fronteras musicales.
Incluso se animó a discutirle algunas reglas al propio candombe. En sus comienzos utilizó dos tumbadoras en lugar de los tres tambores clásicos del género. La decisión le valió críticas, pero con los años terminó convirtiéndose en parte de su identidad. Podía hablar de Johann Sebastian Bach con la misma pasión con la que hablaba de un ritmo de carnaval. Podía hacer jazz y después ponerse a cantar una canción para hacer bailar. Podía ser un músico de enorme formación y, al mismo tiempo, conservar una relación directa, casi de barrio, con su público.
En 2005 y 2017
El artista visitó Tucumán. La primera vez fue en septiembre de 2005, durante el Septiembre Musical. Según las cifras difundidas entonces por la Policía, unas 7.000 personas se acercaron para verlo en la plaza céntrica.
Al principio, el público tucumano parecía necesitar un empujón. Con humor y oficio fue llevando a la multitud hasta que terminó metida de lleno en el ritmo. “Negro Rada soy yo, pero eso de tour no sé qué quiere decir... lo pusimos porque suena fino”, bromeó aquella noche. El cierre fue con el clásico “Tocá, Che Negro Rada”, exclamado por el público. La plaza ya había dejado de mirar, estaba bailando.
Rubén Rada prepara un disco de candombe con músico invitadosDoce años después, el músico regresó a Tucumán. Esta vez lo hizo al frente de Confidence, su banda de jazz, con su hijo en guitarra. Fue en mayo de 2017, para cerrar el “Tucumán Jazz Festival”, en la explanada del teatro San Martín. Tenía 73 años y seguía hablando de música con la curiosidad de quien todavía tiene un mundo por descubrir.
Antes de aquella presentación, LA GACETA lo entrevistó a la distancia, y la nota permitió conocer una faceta menos visible del artista: sus dudas, sus contradicciones, su relación con la música y hasta sus intentos fallidos de retirarse.
“Hubo un momento, hace como un año y pico, en que tuve ganas de abandonar todo. Anuncié que pararía, que estaba cansado. Pero en lugar de abandonar todo grabé más discos, todo al revés”, contó. Rada explicó que había pensado en cocinar, disfrutar de sus hijos y sus nietos y, simplemente, parar. Pero después miró el bolsillo y reconoció entre risas que no era “tan millonario”. Así que volvió a hacer lo que sabía: música.
Rubén Rada hizo bailar a los tucumanosEn aquella conversación también apareció su lado más curioso. Habló de Debussy y de Ravel. Reivindicó el jazz y hasta se animó a una teoría: Bach había sido, de alguna manera, el inventor del jazz. Porque improvisaba, porque tocaba lo que le dictaba la cabeza, en sus palabras.
La charla pasó abordó la música popular. El artista reivindicó tocar aquello que la gente quería escuchar y hasta bromeó con colegas que se negaban a repetir sus grandes éxitos. Y entonces apareció una de las frases que hoy, después de su muerte, suena de otra manera: “Los shows míos son divertidos; se toca buena música y lo importante es que los músicos quedan bien parados y se lucen”, dijo. Después se quitó importancia a sí mismo como cantante y puso el foco en quienes lo acompañaban: “Que la gente sepa que la música viene de los músicos”.
Quizás esa era una de las claves de Rada. Podía hacer reír y, al mismo tiempo, hablar de música con una profundidad enorme. Nunca necesitó dejar de ser una cosa para convertirse en otra. Su música nunca entendió demasiado de fronteras.
Vivió 12 años en Buenos Aires, donde nacieron sus tres hijos, antes de regresar definitivamente a Uruguay. Pero su obra nunca quedó encerrada en un solo país. Atravesó generaciones, géneros y fronteras. Y también llegó a Tucumán, aquí quedan esas dos noches. Ayer, esa historia llegó a su último capítulo.
Por eso, tal vez la despedida de Rada no tenga que ser en silencio. Tal vez haya que volver a poner una canción. Porque el músico, que alguna vez hizo bailar a la provincia, también había dejado dicho cómo quería que lo recordaran. No con pena, con plena. (Producción periodística: Valentina Aranda Zóttola).